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El astillero

Rinker

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Rinker es una marca que ya no se puede comprar nueva. Lossie Rinker dejó las vacas en 1945 para construir barcas de pesca a orillas del White River, en Noblesville (Indiana); sus hijos John y Jan volvieron de Corea, llevaron el negocio familiar a Syracuse, junto al lago Wawasee, y en 1958 ya laminaban en fibra de vidrio, temprano para lo que se estilaba entonces. Luego vino la cadena de dueños: absorbida por Nautic Global Group, arrastrada con ese grupo hasta el negocio de Bennington que acabó llamándose Boat Holdings y, con la compra de Boat Holdings, aterrizada en Polaris, adonde las últimas marcas del paquete pasaron en enero de 2019. Quince meses después, el 14 de abril de 2020, Polaris anunció que había decidido no seguir adelante con la inversión de los recursos necesarios para mantener y hacer crecer Rinker, Striper y Larson FX. La producción de Syracuse se paró aquel junio y 120 personas se quedaron sin trabajo. Setenta y cinco años seguidos construyendo barcos, cerrados por una empresa que apenas había sido dueña del nombre uno de ellos.

Para qué servía el astillero no lo discute nadie. El Powerboat Guide resume que Rinker lleva mucho tiempo identificado con el valor por dinero y que su fama de dar mucho barco por poco estaba bien asentada; su ficha del 360 Express afila más: estilo nítido, andar vivo y habitabilidad cómoda, con los que se defendía sin complejos frente a rivales bastante más caros, sobre un casco de fibra maciza y con el camarote de proa separado del salón por una puerta de mamparo en madera maciza, y no por la cortinilla con la que un barco de ese precio suele salir del paso. Esa puerta es el estilo de la casa resumido en un detalle: el dinero se gasta donde el propietario lo va a ver cada día, y no se gasta donde no. Y el barco del que se decía eso sigue vivo en el mercado de ocasión:

Rinker FIESTA VEE 360
Rinker FIESTA VEE 360 — 5 on the market · 5 sites · no asks held · 2005 as of 2026-09-03 — Un 360 Fiesta Vee de 2006 en Bloomington (Indiana), a 82.500 $: el extremo de crucero grande de un astillero que se colocaba por debajo de las marcas junto a las que quedaba amarrado.

El mismo instinto se nota en los barcos pequeños, y ahí el valor es de los que un inspector puede comprobar con la mano. De el 276 Captiva la guía anota una lancha deportiva y bien equipada a un precio que la competencia bien podría haber envidiado, con el paso a la plataforma de baño por crujía —detalle que, apunta, los patrones con millas prefieren por seguridad—, dos cofres de esquís empotrados en cubierta donde la mayoría de los bowriders lleva uno, y dos solariums a popa con estiba debajo de los dos:

Rinker 276 CAPTIVA
Rinker 276 CAPTIVA — 16 on the market · 6 sites · no asks held · 2010–2015 as of 2026-09-03 — Un 276 Captiva de 2015 en Antioch (Illinois), a 49.900 $: veintisiete pies (8,2 m) de bowrider por lo que casi todas las marcas cobran por veintiuno.

La versión más afilada de ese problema es una promesa. Reseñando el 290 EX, Power Boating Magazine dejó por escrito las condiciones que anunciaba el propio astillero: todo Rinker salía con una garantía limitada de cinco años sin prorrateo y una garantía estructural limitada de por vida sobre el casco, transferible al segundo propietario dentro de los cinco primeros años. Esa transferibilidad era un argumento de venta de verdad, y apuntaba justo al comprador de ocasión. Cuando Polaris anunció el cierre, se comprometió a seguir dando servicio al cliente y suministro de recambios para Rinker, y a honrar las garantías de los barcos comprados a Polaris; y Polaris solo vendió Rinker unos dieciocho meses. Ninguna de las dos frases es mentira. Sencillamente no se tocan, y por el hueco que dejan entre ellas se cuela casi todo el Rinker que hay a flote. Una garantía de casco de por vida vale exactamente lo que valga la empresa que la sostiene, que es justo lo que ningún folleto ha sabido nunca decirte por adelantado:

Las críticas de construcción son las normales de su banda de precio, y aun así conviene conocerlas. En el foro de iboats se repiten el plástico donde las marcas caras ponían inoxidable, un bowrider de 2005 con el gelcoat agrietado bajo la plataforma de baño y, en los cascos más viejos, la podredumbre de siempre en espejo, longitudinales y cubierta: en un barco de 1993 que alguien llegó a inspeccionar había blandones a popa y contrachapado atornillado donde se anclaban los asientos. Un forero del mismo hilo, citando una prueba de Boating, señalaba que Rinker fija los soportes de motor a los longitudinales con tirafondos en lugar de pasarlos con pernos pasantes, dato que conviene leer al lado de las quejas por la cabeza de los longitudinales reblandecida, porque los dos fallos viven en el mismo sitio. En el otro platillo, los propietarios de barcos bien cuidados no tienen queja y lo dicen, y el hilo conductor de las críticas es la edad y el nivel de acabado, no el diseño. Los foros, además, están flacos: esta es una marca que la gente compraba en vez de discutir, y quien la busque de ocasión encontrará menos testimonios de un modelo concreto que los que ese mismo dinero le compra en información sobre un Sea Ray o un Chaparral.

Así que la cuenta honesta de un Rinker no va del casco, al que varias referencias independientes le reconocen más barco del que su precio dejaba suponer. Va de lo que cuesta una marca huérfana. Nadie defiende el valor de reventa, lo que significa que el descuento es real y está disponible ahora; nadie emite garantías nuevas tampoco, así que el perito no es opcional, y la transmisión —la misma cola que llevaba cualquier otro barco de su época, y sostenida por Mercury y Volvo, no por Rinker— es la parte del barco con la que todavía puedes conseguir ayuda. Cómpralo si quieres el máximo de barco por dólar y estás equipado para tenerlo sin una fábrica detrás. No lo compres si parte de lo que pagas es la relación con un concesionario, o si vas a necesitar venderlo con prisa, porque los compradores de una marca descatalogada son exactamente la gente que ya sabe todo esto. La competencia por el mismo dinero está en los bowriders por debajo de 50.000 $; lo nuestro son el 290 Express Cruiser y el 360.

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