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SScout from the G.U.S.

El astillero

Pursuit

1 en venta

Pursuit es una marca de pesca dibujada dentro de un astillero de yates, y nunca ha dejado del todo de construir como tal. Leon Slikkers entró de carpintero en Chris-Craft en 1946, vendió su casa a mediados de los cincuenta para montar Slickcraft, se la traspasó a AMF en 1969 y levantó S2 Yachts con lo que quedaba de la idea; Tiara apareció en 1976 y Pursuit, la línea de pesca deportiva, un año o dos por detrás. En 1983 la producción se mudó a Fort Pierce, Florida, y de ahí no se ha movido. Lo que heredó del pedigrí no es estética, es estructura: laminado a mano con tejidos multidireccionales cosidos en lugar de roving tejido, resina viniléster por debajo de la flotación para plantar cara a las ampollas, fondo macizo con costados y cubiertas en sándwich, refuerzos interiores de fibra rellenos de espuma y, en los cascos modernos, una parrilla estructural infusionada con una cartela moldeada en el espejo que reparte el empuje de los motores a lo largo del casco. El otro hábito son los sistemas: este es el astillero que desarrolló su vivero de cebo con un instituto oceanográfico para que el cebo de altura aguantase vivo más tiempo. La prensa de aquellos años no se andaba con matices: un banco de pruebas del 2870, la hermana mayor del de veinticuatro pies (7,3 m), se despide diciendo que cuesta muchísimo encontrar un barco mejor construido, y otro del 3370 Offshore colocó ajustes y acabados muy por encima de la media. En 2018 la familia Slikkers vendió Pursuit a Malibu Boats por 100 millones de dólares y se quedó con Tiara, de modo que un casco reciente cuelga de una matriz distinta a la de uno antiguo: conviene saberlo y, a la vista de lo que hay, no conviene perder el sueño.

Scout vigila 197 Pursuit, con 316.178 $ de media en un abanico que va de cascos de seis o siete metros a express de más de doce; lee esa media como un dato sobre la mezcla, no como el precio de entrada. Nuestra estantería pública es el otro extremo del catalejo: 1 de sus modelos, 1 en publicación, 24.000 $, 2001. Lo útil de un astillero cuyos barcos nuevos se venden en lo más alto del mercado fueraborda es que la puerta barata existe y es vieja: la depreciación ya la pagó otro, y lo que queda por comprar es estado.

Y la entrada a esta marca tiene exactamente esta pinta:

2001 Pursuit 2470 Center Console
2001 Pursuit 2470 Center Console · $24,000 — Un 2470 Center Console de 2001 en el sur de Florida: un casco de la época del laminado a mano y el sándwich, y la puerta más barata al astillero. Todo lo que hay por debajo del suelo es lo que decide el precio.
foto y anuncio en el bróker ↗

Las notas honestas sobre el 2470 y sus contemporáneos son concretas, caras y están bien documentadas. En The Hull Truth los propietarios han desmontado estos barcos por los depósitos de combustible: un compartimento que no se mamparó como pedía el plano, un agujero del tamaño de una moneda por el que la espuma empapada de gasolina acaba apoyada contra el depósito, y un cambio que obliga a abrir la cubierta — una factura citada en 6.000 $, otras a razón de unos diez dólares por galón de capacidad más miles en mano de obra. En el foro de propietarios de Pursuit la queja es otra, y molesta más por intermitente: olor a combustible en la cabina, atribuido a la permeación de los depósitos de plástico que se montaron hasta 2010 aproximadamente, que el astillero atajó en garantía con un mamparo estanco y un extractor. Allí el consejo es comprar un barco posterior a 2010, o uno que tenga el arreglo hecho y papeles para demostrarlo. Los problemas de espejo que se reportan son la misma historia por el otro costado: tapas de aluminio oxidadas, agua que se cuela y busca camino, núcleo mojado allí donde nunca se reselló un herraje. Las dos versiones del astillero son ciertas a la vez. Se construyó sólido y se construyó cerrado: fibra a mano, costados y cubiertas en sándwich, depósitos y estructura moldeados para resistir, no para dejar meter la mano. Ahí está todo el cálculo en un casco de esta añada — el barco durará más que el dinero si el vendedor puede enseñar qué se ha abierto, y se comerá el dinero si no puede, porque aquella garantía de cinco años sobre casco y cubierta, que además se transfería con el barco, caducó mucho antes de que esta generación llegara a la segunda mano. Lo que se paga aquí es un peritaje, y la lista del perito es corta y sabida: depósitos, núcleo, espejo y la nariz metida en la sentina. De los cascos construidos después de la venta a Malibu hay menos evidencia que de todo lo anterior — el hilo del foro de propietarios que preguntaba si la calidad se había mantenido con la nueva matriz se quedó sin contestar —, así que un Pursuit reciente se compra con reseñas de prensa e historial de concesionario, no con un largo expediente de propietarios. Los barcos de este tamaño en la franja asequible del mercado, los cascos veteranos de este astillero entre ellos, son los que llenan los center consoles por debajo de 100.000 $, y todo lo demás que tenemos a motor está en la estantería de barcos a motor.

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