El astillero
Four Winns
2 en venta
Four Winns ha enterrado a todas las empresas que lo han tenido en propiedad, y está a punto de enterrar a otra. OMC fue dueña de la marca hasta que se declaró en quiebra en diciembre de 2000, y Genmar la compró de entre los restos a principios de 2001. Genmar dejó de existir el 20 de enero de 2010, en su propia quiebra, y Platinum Equity se llevó prácticamente todos sus activos por 70 millones de dólares y montó Rec Boat Holdings alrededor de la fábrica de Cadillac, Michigan. En junio de 2014 el Groupe Beneteau —el grupo velero francés— compró ese negocio: unos 150 millones de dólares de facturación, 475 personas, más de doscientos concesionarios. Y el 11 de junio de 2026 el consejo de vigilancia de Beneteau acordó cerrar la producción de Cadillac en el tercer trimestre de este año y vender Four Winns junto con Glastron y Scarab Jet, alegando el declive estructural de los segmentos del bowrider y de la lancha jet y unos 30 millones de euros de pérdidas operativas acumuladas por las marcas americanas en los ejercicios de 2024 y 2025. Doscientas treinta y dos personas; una búsqueda de comprador en marcha. Van cuatro dueños y cuatro salidas, y un casco construido bajo cualquiera de ellos sigue siendo un casco construido en Cadillac por la misma gente.
La década francesa dejó en el producto una huella que conviene entender, porque es lo más ambicioso que ha hecho nunca este astillero y también parte del motivo por el que está en venta. Four Winns se pasó esos años electrificando: el H2e es un bowrider eléctrico de serie montado sobre un Vision Marine 180e —180 hp continuos, 230 de pico— con 83 kWh de batería debajo. La prueba de Boating aplaudió lo que el par eléctrico le hace al barco, con mejoras demostrables al planear y al virar y muy poco ruido, y a continuación dijo el resto en voz alta. El sobreprecio frente al mismo barco con fueraborda de gasolina era para echarse a temblar, 189.600 $; no da ni la autonomía ni el tiempo del H2 OB de gasolina, y se queda en algo así como una hora y veinte a 21 mph (34 km/h) con seis a bordo; y carga de noche a 120 voltios. O sea: el astillero que demostró que un bowrider familiar podía ser eléctrico se vende porque el bowrider familiar dejó de venderse.
Bajo los cambios de dueño hay una cosa que no se ha movido: el fondo Stable-Vee que dibujó Tom Wenstadt, un astillamiento variable que termina en veintiún grados en el espejo, con la anchura de quilla a codillo llevada más a proa de lo habitual para que el barco se asiente más plano parado y salga antes al planeo. Boating cronometró 3,8 segundos hasta el planeo en el H2 fueraborda y le dio el mérito al fondo. El H210 SS es esa misma idea en la talla que de verdad compran las familias:

foto y anuncio en el bróker ↗
Las cifras de Four Winns en Scout, hoy: anuncios vivos en seguimiento, 66; precio medio pedido, 78.908 $; fichas publicadas, 2; modelos del astillero presentes en la estantería, 2; años de construcción, 2008–2013; horquilla de precio, 20.500 $ a 49.950 $. Sea cual sea el recuento, aquí los años son la parte que hay que leer con lupa, porque una marca vendida tantas veces conserva sus cascos y pierde sus papeles: el moldeo, la cubierta y el andar son de Cadillac, mientras que la garantía, el mostrador de recambios y el concesionario que conoce el barco pertenecen a la empresa que fuera dueña del nombre esa temporada.
En los cruceros esa costura se ve mejor que en ninguna otra parte, y la ficha del Powerboat Guide sobre el 278 Vista y el V285 que lo sustituyó consigue defender y acusar en el mismo párrafo. Hay mucho que admirar en el planteamiento de diseño e ingeniería, dice, y Four Winns hace un producto de calidad que se nota por todo el barco: un 8,2 m (27 pies) de andar suave, legalmente remolcable con sus 2,59 m (8 pies 6) de manga, de líneas seductoras y acabado de lujo. Y después nombra el defecto sin envolverlo: el interior roza lo claustrofóbico. Las dos mitades son ciertas del mismo barco, y cuál de ellas manda es una pregunta sobre ti y no sobre el constructor, porque nadie puede decirte desde una foto si te va a molestar una cabina pequeña:

foto y anuncio en el bróker ↗
Los propietarios trazan otra raya dentro de la gama, y la suya es un año en lugar de una talla. En el foro de iboats la pregunta que separa es de qué está hecho el piso: de los barcos con contrachapado enmoquetado se cuenta que aguantan unas diez o doce temporadas antes de que empiece la podredumbre, con un propietario que rehízo piso y refuerzos longitudinales a los diecisiete años, mientras que el paso a un forro interior entero de fibra a partir de 1996 se lleva el veredicto de que desde entonces son tan buenos como cualquier otro barco de serie. La podredumbre empieza allí donde se acumula la humedad, que en un bowrider significa cada herraje que alguien haya atornillado alguna vez atravesando el suelo. Es lo más valioso que puedes saber de un Four Winns de segunda mano y comprobarlo no cuesta nada — y merece la pena anotar que esos mismos foreros se quejan de que sobre estos barcos se ha escrito poquísimo, que es justo la razón por la que un comprador termina leyendo hilos de restauración en lugar de pruebas.
Lo incómodo es el calendario. Quien compre un Four Winns esta temporada compra de una marca cuya fábrica cierra este trimestre y cuyo nombre se está ofreciendo a un comprador que todavía nadie sabe nombrar, y la postura honrada es decir que nadie sabe qué aspecto tendrán los recambios, la administración de la garantía y el apoyo del concesionario dentro de dieciocho meses. Eso no es motivo para huir del casco, que se construyó antes de todo esto y al que todo esto le da igual. Es motivo para preferir un barco con los consumibles y la propulsión ya resueltos, para meter en el precio el problema de repuestos de cualquier cosa poco corriente que lleve a bordo, y para desconfiar del vendedor que te jure que la transición será indolora: esta marca lleva cuatro y ninguna lo fue. Si ese riesgo prefieres no cargarlo, por el mismo dinero tienes de vecinos los cruceros con cabina por debajo de 50.000 $ y los bowriders por debajo de 50.000 $. Si no lo es, este es el momento en que el mercado descuenta un barco bien hecho por algo que el barco no hizo.
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