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SScout from the G.U.S.

El astillero

Monterey

6 en venta

Monterey es el astillero que no hace nada de golpe. Charles y Jeff Marshall empezaron a construir barcos en 1985 y siguen copresidiendo la casa: no ha cambiado de manos, no ha cambiado de pueblo y lo fabrica todo en un solo complejo de Williston, Florida — unos 45.000 m² y unas 675 personas desde la ampliación que contó Boating Industry en 2021. La prueba más clara de ese carácter es lo que hicieron con una leyenda. Compraron el nombre Blackfin en 2008 y no botaron un solo casco bajo esa marca hasta 2017 porque, según explicó su responsable a On The Water, querían hacerlo de una manera que honrase al original; y entonces, después de nueve años esperando, tiraron a la basura la silueta clásica de Blackfin y dibujaron consolas centrales modernas reforzadas con carbono. Lentos en arrancar, nada sentimentales una vez arrancan. En un Monterey ese carácter se ve en el ajuste y el acabado, no en la novedad, que es un estilo de casa de verdad y también la razón de que se escriba tan poco sobre ellos.

Lo que eso compra a lo largo de una gama es coherencia de intención, no una carena con firma. El mismo astillero dibuja un bowrider de 6,7 m que remolcas detrás del coche familiar y un sport yacht de 10,7 m que dejas en un amarre, y el pequeño no es la versión abaratada de nada: el 214 SS es sencillamente el barco más chico en el que cabe el mismo juego de decisiones:

2014 Monterey 214 SS
2014 Monterey 214 SS · $22,937 — Un 214 SS de 2014 en Bayville, Nueva Jersey, pidiendo 22.937 $ — la puerta de entrada a la gama, y la talla en la que el acabado es lo único que separa a una marca de otra.
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Scout vigila 185 Monterey a la venta, con una media de 128.976 $, y publica 6 en 6 de sus modelos, 1996–2021, pidiendo 20.000 $ a 164.800 $. Que un recuento de modelos merezca la pena citarse aquí se debe a que un Monterey no es un mismo barco en varias tallas: el astillero dibuja bowriders remolcables y sport yachts de amarre bajo la misma insignia, de modo que la pregunta de marca — ¿es este constructor lo bastante bueno para mí? — hay que contestarla talla por talla, porque esos barcos no comparten casi nada salvo la gente que los hizo.

Arriba del todo de esa gama las pruebas independientes son francamente buenas. Canadian Boating puso el 340 Sport Yacht en planeo en 9,4 segundos, lo cruzó por 30 mph a los 14,3 y lo llevó a 45,9 mph —cerca de cuarenta nudos— en punta, y le fijó el mejor crucero en 28,7 mph; y luego se pasó casi toda la reseña hablando de lo silencioso que era, contando que no hacía falta levantar la voz para entenderse ni con toda la capota montada. El veredicto le reconocía un diseño probado con una pizca de innovación y un cuidado minucioso del ajuste y el acabado. Lo que el probador echó en falta da la medida de la queja: quería un limpiaparabrisas más grande y un fregadero más grande.

2013 Monterey 330-340-355 Sport Yacht
2013 Monterey 330-340-355 Sport Yacht · $164,800 — Un 340 Sport Yacht de 2013 en Stillwater, Minnesota, pidiendo 164.800 $ — el modelo y la añada sobre los que se corrió la prueba de revista de arriba.
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Los foros son más duros, y lo son con la edad más que con la marca. Propietarios de iboats contentos con su propio barco siguen diciéndole al que compra uno viejo que mire fino: la obra de largueros de refuerzo y espejo de popa, avisa uno, puede costar perfectamente más que el barco entero; el dueño de un 1992 contaba que la bomba de achique le arrancaba cada veinte minutos con dos personas sentadas en la plataforma de baño; un perito encontró en otro una docena de zonas delaminadas y blandeos a lo largo de los pantoques, con el gelcoat cediendo tres milímetros bajo la yema del dedo. Nada de eso es exclusivo de Monterey, y en el mismo hilo hay un propietario que llama a su 1998 un barco excelente, sólido por los cuatro costados. Exclusivo es el problema de papeles que hay debajo. Los propietarios cuentan que el astillero no puede facilitar el historial de los cascos anteriores a 1999 porque un incendio se llevó el material — y la prensa local registró un incendio: un fuego de septiembre de 1999 en un almacén de Monterey Boats que llevó a los ayudantes del sheriff a evacuar a unas 1.200 personas en un radio de tres kilómetros. Así que una empresa cuyo argumento entero es la continuidad no puede contarte nada de sus primeros quince años, y en un barco de esa época el rastro de papel del propio casco es el único archivo que existe, y ahí está entero el problema de compra que plantea el 276:

1996 Monterey 276
1996 Monterey 276 · $20,000 — Un 276 de 1996 en Saint Joseph, Michigan, pidiendo 20.000 $ — el lado del incendio anterior a 1999, donde los papeles del barco tienen que hacer el trabajo que la fábrica ya no puede.
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Hay algo que conviene decir claro en vez de taparlo: la prensa especializada apenas escribe sobre las lanchas deportivas de este astillero. La cobertura independiente que atrae la empresa es sobre todo la resurrección de Blackfin y alguna prueba suelta de crucero, y el resto vive en los foros de propietarios. Ese silencio no es un aval y tampoco es una acusación: es un dato sobre un constructor que nunca ha hecho nada lo bastante noticioso para que lo prueben ni lo bastante malo para que lo destapen, y el comprador debería pesarlo como prueba escasa, no como prueba buena.

Compra un Monterey si valoras cómo está armado un barco por encima de lo que dice ser, si compras uno lo bastante reciente como para que la fábrica todavía pueda contestarte al teléfono sobre tu casco, y si prefieres el limpiaparabrisas que puedes cambiar a la reputación que no. Compra en otra parte si necesitas un barco con literatura detrás — una clase, un foro, un cuerpo de pruebas con el que discutir — o si vas a por los cascos de los noventa sin perito, justo donde se acaba la memoria del propio astillero. El resto de la parte pequeña de la flota está en los bowriders por debajo de 50.000 $.

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