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SScout from the G.U.S.

El astillero

Sailfish

1 en venta

Sailfish vende un plano y una laminación. El plano es ese fondo escalonado de ángulo variable sobre el que el astillero ha montado toda su identidad: tres superficies de planeo que van escalonando veinticuatro, veintitrés y veintidós grados, para que el barco caiga sobre la parte afilada y se apoye sobre la plana. La laminación es la promesa de que ahí dentro no hay madera en ninguna parte: largueros estructurales de composite rellenos de espuma y encastrados en el casco, y un espejo de popa con núcleo de espuma de alta densidad en lugar de contrachapado. Paul Hoppes fundó la casa en 1986 sin haber construido un barco en su vida y la levantó exactamente sobre ese argumento, en Cairo (Georgia), bajo el nombre de Seminole Marine. Lo llamativo, después de leerse veinte años de prensa sobre este astillero, es que todos los probadores repiten esas dos afirmaciones y ninguno ha comprobado ninguna de las dos. El probador mide lo que se puede medir — velocidad, consumo, ruido, adónde va el rociado — y la progresión de astilla muerta y la estructura sin madera llegan a la página tal como salen del astillero, en forma de ficha técnica. Merece la pena decirlo, porque un barco que se vende por cómo está construido le está pidiendo al comprador que se fíe justo de lo único que una prueba de mar no le va a enseñar. Y quienes hacen la promesa tampoco son ya los mismos: Hoppes vendió la empresa a un fondo de capital riesgo en 2017, en 2020 llegó un consejero delegado de fuera y el fundador murió en 2026.

Sailfish en el radar de Scout: 74 en seguimiento, a una media de 181.411 $, sobre un catálogo que hoy llega a los treinta y tantos pies. Lo que publicamos es la parte vieja y barata de esa gama — modelos suyos en la estantería, 1; fichas públicas, 1; banda de precio, 69.995 $; años, 2007. En el mostrador del barco nuevo Sailfish es marca de precio contenido, así que su segunda mano no es el descuento de un lujo: es el descuento de algo que ya estaba puesto a precio de comprarse, y eso estrecha la distancia entre un ejemplar cuidado y uno reventado hasta que solo un perito sabe cuál es cuál.

El casco al que las revistas le pusieron de verdad el cronómetro es justo el que tenemos:

2007 Sailfish 2660-270 Center Console
2007 Sailfish 2660-270 Center Console · $69,995 — Un 2660 de 2007 en Luisiana: el modelo al que Sport Fishing le puso el cronómetro y le sacó 47,8 mph (41,5 nudos) y 2,72 millas por galón a un crucero de 26 mph, con un paso por la mar de proa que calificó de estupendo y una caída blanda al salir de la ola.
foto y anuncio en el bróker ↗

Pon ese veredicto al lado de lo que cuentan los propietarios del mismo casco y la página empieza a valer lo que cuesta. Uno que pasó de un 2660 de 2007 a un Cobia relata en The Hull Truth que el Cobia va seco y el Sailfish, calado hasta los huesos; y las primeras versiones walkaround del modelo cavitaban con mar de popa porque los motores iban montados demasiado altos, algo que el astillero corrigió en la producción posterior bajándolos y cambiando las hélices. Las dos cosas pueden convivir con la caída blanda que firmó la revista, porque un casco que cae blando metiendo una entrada afilada en el agua es un casco que manda a alguna parte el agua que desplaza, y adónde la manda depende del asiento, de la altura de los motores y de con cuánta alegría se lleve el gas — por eso los mismos probadores que alaban el paso por la mar también protestan: el de Boating, en un modelo mayor, pedía más ángulo de proa y más deslizamiento en un giro con el timón a tope, y anotó que navegaba plano si no le metías flaps. El resto de fallos que se reportan son poco lucidos y tienen arreglo — cableado descrito como un ovillo bajo la consola, olor a gasolina después de repostar en cascos de mediados de los 2000, una sustitución de depósito que le costó tres meses a su dueño — y las llamadas a revisión que constan contra el constructor son pequeñas actuaciones de flotabilidad de los noventa y los dos mil, papeleo de homologación más que cascos partiéndose. Queda entonces la promesa constructiva, y con ella el único dato que debería gobernar cómo la trata quien compra de segunda mano. La garantía estructural de diez años que respalda los largueros sin madera y el espejo de espuma alcanza solo al primer comprador. No se transmite. Quien se lleve un 2660 o cualquier otro Sailfish del mercado de ocasión está comprando el argumento central del astillero sin un solo papel detrás, y le toca al perito hacer el trabajo que habría hecho la garantía: largueros, espejo y depósito, en ese orden. Hazlo y tendrás mucho casco de altura bien dibujado por poco dinero, que es para lo que este astillero ha existido siempre. Sáltatelo y habrás comprado una ficha técnica. Adónde va el mismo dinero en un astillero cuya lista de quejas corre en sentido contrario, en Cobia; barcos de este tamaño y de estos años llenan las center console por debajo de 100.000 $.

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