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SScout from the G.U.S.

El astillero

Wellcraft

2 en venta

Con casi cualquier astillero la historia de la empresa es contexto. Con Wellcraft es la decisión de compra, porque qué Wellcraft tienes delante depende menos del modelo que de quién era dueño del nombre el año en que se laminó el casco. La marca arrancó en Florida en 1955 haciendo runabouts de madera, pasó los ochenta como uno de los nombres más ruidosos de la náutica a motor estadounidense —el Scarab 38 KV que pilotaba Sonny Crockett en Corrupción en Miami era una línea de producto de Wellcraft, no una empresa aparte— y después vino el via crucis. Genmar la compró en los noventa; propietarios y prensa del sector recuerdan aquella etapa como la del apagón de la gran planta de Sarasota, y Genmar Holdings se acogió al Capítulo 11 en 2009. Platinum Equity se quedó prácticamente con todo Genmar en aquella quiebra por 70 millones de dólares en 2010, juntó a los supervivientes bajo Rec Boat Holdings, rediseñó la gama Wellcraft para el año-modelo 2014 y vendió el paquete entero al Groupe Beneteau ese mismo año: cuatro marcas, una planta en Cadillac (Michigan), unos 150 millones de dólares de facturación y 475 personas.

Con el dueño francés la marca se apuntó a una sola cosa, las consolas centrales de altura bautizadas Fisherman, y los barcos salieron buenos. Las pruebas del 262 reinventado anotaron 57,4 mph —cerca de 50 nudos— con dos Verado de 250, y 30 mph en siete segundos y medio sobre un fondo de 21 grados de astilla muerta; Salt Water Sportsman llevó el 302 a 57,6 mph con dos de 350, los mismos siete segundos y medio hasta 30 mph con medio metro de ola, crucero a 29 mph y hasta 460 millas —unos 740 km— de autonomía sobre una carena de 22 grados, por 201.685 $ tal como se probó, y lo describió como seco, estable e inmune al cabeceo y la escora excesivos. Ninguno de los dos probadores encontró un defecto que mereciera imprimirse. Ese es el barco que este astillero estuvo construyendo hasta junio de 2026, cuando Groupe Beneteau Americas y Rec Boat Holdings avisaron a sus proveedores de que se suspendían la producción y la distribución de Four Winns, Scarab y Wellcraft Fisherman, y de que la fabricación en Cadillac cesaría en el tercer trimestre, alegando unas pérdidas operativas acumuladas en 2024 y 2025 que ya no eran sostenibles y dejando en la calle a más de 230 personas. El nombre sobrevive —la lista de siete marcas en las que Beneteau va a concentrarse sigue llevando a Wellcraft dentro—, pero la línea estadounidense de consolas centrales que hizo los barcos de aquí abajo, no.

Lo que convierte a los dos que tenemos en piezas del último capítulo y no del siguiente:

2018 Wellcraft 262 Fisherman
2018 Wellcraft 262 Fisherman · $81,900 — Un 262 Fisherman de 2018 en Miami Beach, 81.900 $ — el primer año del 262 reinventado y la puerta más barata a los barcos de la era Beneteau.
foto y anuncio en el bróker ↗

Cuatro pies más de eslora y cinco años-modelo después, el mismo argumento con los motores grandes y la autonomía de altura:

2023 Wellcraft 302 Fisherman
2023 Wellcraft 302 Fisherman · $169,990 — Un 302 Fisherman de 2023 en Key Largo, Florida, 169.990 $ — construido a menos de dos años de la suspensión de la línea, que es exactamente la pregunta que el comprador tiene que poner en precio.
foto y anuncio en el bróker ↗

Scout vigila 42 anuncios vivos de Wellcraft, con una media de 91.272 $, y publica 2 en 2 de los modelos del astillero, 2018–2023, pidiendo 81.900 $ a 169.990 $. Una marca que ha cambiado de manos tantas veces no tiene un mercado de segunda mano, tiene varios apilados uno encima de otro, y el año que lleva el espejo de popa es lo que te dice de qué empresa estás comprando las decisiones.

Las notas honestas vienen en dos mitades que casi no se hablan entre ellas. En los cascos viejos la queja es concreta, antigua y está bien documentada: propietarios y talleres cuentan en los foros que los Wellcraft de finales de los ochenta a finales de los noventa llevaban madera que el astillero nunca selló —orificios de drenaje perforados de parte a parte de los refuerzos longitudinales y dejados a pelo, contrachapado no marino bajo un laminado demasiado fino para dejar el agua fuera, tapas de espejo aparecidas podridas de lado a lado— y ponen números a arreglarlo: unos 2.500 $ solo por sacar motor y cola, antes de 6.000 o 7.000 $ de piezas. Esos barcos son baratos por un motivo, y el motivo se llama medidor de humedad. En los cascos recientes nadie se queja del laminado; el riesgo se ha mudado al otro extremo, porque la empresa que los garantiza, les suministra recambios y forma a sus concesionarios acaba de dejar de fabricarlos. Las dos mitades son verdad a la vez sobre la misma marca, y empujan al comprador en direcciones opuestas: en un Wellcraft de los noventa peritas el barco, y en uno de 2023 peritas el soporte —qué dice el concesionario de los recambios, cuánto vale hoy esa garantía y hasta qué punto los moldes y el armamento de ese modelo concreto son propietarios.

Cómprate uno si quieres mucho barco medido y probado por el dinero y eres de los que le ponen precio al riesgo en vez de esquivarlo: las carenas de altura de la última década se reseñaron tan bien como cualquier cosa de su precio. Cómprate otra cosa si necesitas una fábrica detrás del barco los próximos diez años, o si andas mirando los viejos baratos sin manera de comprobar qué hay debajo del piso. Los dos que tenemos en la estantería son el 262 Fisherman y el 302 Fisherman; barcos del mismo tamaño y del mismo oficio salidos de todos los demás astilleros están reunidos en las consolas centrales por debajo de 100.000 $, y la flota a motor entera en la estantería de barcos a motor.

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