El astillero
Excess Catamarans
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Excess es la única marca de catamaranes cuyo rival principal sale del mismo cobertizo. El Grupo Beneteau la botó en 2019 desde la planta de Burdeos que fabrica los Lagoon, con un encargo explícito: vender a un cliente al que Lagoon no llegaba. Según cuenta la propia marca, el ochenta y cinco por ciento de los compradores de un Excess viene del monocasco y estrena dos cascos — gente que quiere que el barco se sienta como navegar y no como una casa a flote. Todo lo que hace la marca sale de esa frase. Dos ruedas a popa, a nivel de cubierta, en lugar de un flybridge, con los timones gobernados por Dyneema y no por un largo recorrido de cables y sector, para que la caña tenga algo que contar. Botavara más baja y mayor de cabeza cuadrada. Un génova solapado donde el estándar del mercado es un foque autovirante. Y un aparejo opcional más alto — la Pulse Line, que en el modelo mayor añade casi dos metros de palo y doce metros cuadrados de vela de ceñida — ofrecido como respuesta a una pregunta que ningún catamarán de crucero de gran serie le estaba haciendo a sus compradores.
El problema fue que la marca llegó antes que los barcos. Los dos primeros modelos, el 12 y el 15, eran cascos Lagoon bajo cubiertas nuevas, y la prensa del sector lo dijo enseguida y sin piedad: una marca fundada sobre cómo navega un barco se estrenaba con cascos dibujados para otro argumento. El propio director de marca del astillero lo ha reconocido con más claridad que ningún crítico — cuando se lanzó la línea, la promesa no coincidía con el producto —, y esa admisión es el dato más útil que existe para quien busca de segunda mano, porque fecha la gama. El 11, en 2021, era nuevo desde la quilla. El 14 que vino después lleva casco VPLP con secciones asimétricas que empujan la flotabilidad hacia fuera y recortan la resistencia de interferencia entre cascos, quillas más finas, timones veinte centímetros más profundos y el puente elevado. En esta marca, el número del modelo es la ficha técnica:

Donde chocan el argumento a favor y el argumento en contra es, justamente, la razón de ser del barco. La prueba de Yachting World del 14 registró entre siete nudos y medio y ocho en ceñida con doce o catorce nudos de viento real, dieciséis y medio en manos de una tripulación de entrega, y un barco que casi le aguantó el ritmo a un monocasco de catorce metros con seis o siete nudos de brisa. El mismo probador escribió que hay barcos de este tamaño más espaciosos y mejor acabados, que el Excess se cae rápido si intentas ceñir demasiado con poco aire, que no es un barco de altas prestaciones capaz de sostener velocidades cercanas a los veinte nudos, y que sus rivales más directos son dos toneladas más ligeros, más rápidos y seguramente más agradables de llevar. Las dos mitades son ciertas, y juntas describen exactamente lo que es la marca: un barco al que gana en volumen y en acabado el que se construye a su lado, y al que ganan en velocidad los especialistas ligeros, vendido por menos que cualquiera de los dos. Eso es una propuesta real y estrecha. Quien quiera de verdad una de esas dos cosas en estado puro tiene mejor barco a mano; el Excess solo se gana el dinero de quien quiere las dos y no está dispuesto a pagar el precio de ninguna.
Las notas de construcción son las que siempre trae el ahorro de peso. Los cascos van infusionados al vacío, con núcleo de balsa por encima de la línea de flotación y en la cubierta, y con carbono empleado en puntos concretos en vez de en todas partes; los probadores anotaron pequeñas economías en otros sitios — el canto del hardtop dejado vivo en lugar de redondeado para no sumar kilos, el antideslizante que resbala por los bordes cuando está mojado, ningún compás ni en las ruedas ni en la mesa de cartas. La reserva más interesante apunta a la seña de identidad de la marca: Yachting Monthly, probando el 11, señaló que los cabos de Dyneema del gobierno pasan por encima de los motores, que la temperatura de trabajo del Dyneema tiene su límite en torno a los setenta grados y que un motor pasa de ahí, y que el barco lleva gobierno de emergencia para el caso de que eso llegue a importar. Nadie ha dado parte de un fallo. Aun así, es el único punto del barco donde lo que lo hace divertido de llevar y lo que un perito tiene que mirar son la misma pieza, y en una flota joven, sin historial largo de servicio detrás, ahí es donde toca poner la atención.
Compra un Excess si vienes del monocasco, si quieres gobernar desde la popa con las escotas al alcance de la mano y si prefieres el aparejo alto a la nevera grande. No lo compres si lo que buscas es el salón más grande por euro, que es la respuesta de Lagoon y es buena, ni si lo que buscas son prestaciones de verdad, en cuyo caso los astilleros franceses ligeros — Nautitech entre ellos — llegan antes. Y no compres el emblema sin mirar el número de casco: los barcos con los que la marca se estrenó no son los barcos con los que defiende hoy su argumento. El resto de la flota de dos cascos que seguimos está en la lista de catamaranes en venta.
Modelos en el estante
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