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El astillero

Fountaine Pajot

2 en venta

Fountaine Pajot llegó al catamarán de crucero por el lado equivocado del deporte, y cuarenta años alejándose de aquel origen son el estilo de la casa. Al principio eran dos regatistas — Jean-François Fountaine, campeón del mundo de Half Ton, e Yves Pajot, medallista olímpico en Flying Dutchman — laminando en sándwich 420, 470 y 505 en el garaje familiar cerca de La Rochelle. Salieron a mar abierto con el trimarán Royale y con Charente Maritime, un catamarán de regata de veinte metros que se pasó los primeros ochenta ganando transatlánticas, y solo entonces construyeron un barco de crucero: el Louisiane 37 de 1983, dibujado por Joubert y Nivelt, unos noventa cascos. Todo lo que ha venido después se mueve en la misma dirección. Cada generación carga más volumen, más peso y proporcionalmente menos vela que la anterior, y el astillero es hoy también constructor de monocascos, porque en 2018 compró Dufour. Rupert Holmes, probando el 41 y el 44 actuales para Yachting World, dejó el intercambio en una frase: los barcos modernos pesan bastante más que el Bahia 46 y el Isla 40 que los precedieron, con superficies vélicas proporcionalmente menores, y pierden velocidad enseguida si intentas apurar la ceñida. También los encontró sólidos con 15 a 25 nudos, elogió la isla de la cocina y la nueva distribución del puente, y le disgustaron una dirección hidráulica sin ningún tacto con mar de aleta y que no haya un sitio desde el que hacer guardia.

Así que un Fountaine Pajot de ocasión no es una propuesta, sino dos, y las dos están a flote al mismo tiempo. La antigua es el Athena 38, otra vez Joubert y Nivelt, construido desde mediados de los noventa para flotas de chárter y para armadores particulares casi por igual: relativamente ligero, de cascos finos, con una altura libre bajo el puente a la que Yachting Monthly atribuyó su comportamiento en la mar, y colocado por la misma revista entre los que mejor navegaban de los catamaranes de vocación chárter de su generación. Un peritaje de ocasión publicado por la revista alemana Yacht encontró en un casco de dieciséis años ni una grieta en el gelcoat, ninguna ampolla y ningún problema de laminado, y 9,5 a 10 nudos con génnaker con quince nudos de viento — y, en el mismo artículo, un pandeo del estay de proa en la encapilladura que valía cinco grados de ceñida, un carril de génova demasiado corto para cazar bien en rumbos abiertos, y depósitos de agua de aluminio que se oxidan hasta atascar tuberías y bombas y que piden sustitución por inoxidable. Eso último es una pregunta que se hace antes de una oferta, no después:

1995 Fountaine Pajot Athena 38
1995 Fountaine Pajot Athena 38 · $95,000 — Un Athena de mediados de los noventa en Saint Augustine — la época ligera y de cascos finos de este astillero, y el barco en el que la pregunta de los depósitos, el sellado de los herrajes de cubierta y treinta años de biografía, de chárter o de particular, deciden el precio.
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El argumento moderno es el Hélia 44, del que SAIL dijo que es tan puntero a su manera como un barco de regata de carbono y que Cruising World encontró tan rápido como cómodo. La mejor descripción de uno no es, sin embargo, ninguna prueba de mar: la firma una pareja de armadores que dio la vuelta al mundo en un Hélia 44, unas cuarenta mil millas a una media de 6,7 nudos sobre el fondo, y que escribió que en ningún momento temieron por la integridad estructural del barco — y a continuación enumeró todo lo demás. La mayor no bajaba por encima de quince nudos hasta que le pusieron sables intermedios y una driza que corriera mejor. Escotillas y luces de cortesía selladas con silicona dejaron entrar agua salada en los compartimentos de motores. Las cornamusas de cubierta se doblaron y se arrancaron por falta de contraplacas en condiciones, las escotas de génova de fábrica eran más gruesas de lo que admitían winches y mordazas, y sin orzas de deriva bajo los cascos el barco derivaba y se ponía incómodo en ceñida por encima de 25 nudos. Su veredicto seguía siendo que repetirían barco, que es la forma honesta de este astillero: el casco casi nunca es el problema y los herrajes que lleva encima casi siempre lo son.

2018 Fountaine Pajot Hélia 44 Evolution
2018 Fountaine Pajot Hélia 44 Evolution · $399,900 — Un Hélia 44 Evolution tardío en Annapolis — el mismo modelo que ya ha dado la vuelta al mundo, ahora en la costa este de Estados Unidos, donde la lista de equipamiento y el sellado de cada herraje de cubierta son exactamente para lo que sirve un peritaje.
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Scout vigila los precios de salida vivos de Fountaine Pajot — la cifra es 138 y la media, 499.144 $ — y la estantería que hay detrás de esta página cubre 2 de sus modelos, pide 95.000 $ a 399.900 $ y abarca 1995–2018. Esa dispersión es la gracia de un astillero con tantos barcos detrás: aquí el precio no lo pone el emblema del espejo de popa, lo ponen el modelo y la década, y quien ya ha decidido la marca no ha decidido casi nada.

El metro cuadrado donde un peritaje se gana el sueldo está debajo del puente. Fountaine Pajot moldea miniquillas poco profundas y sacrificiales en lugar de orzas, y la explicación del propio astillero es que están para llevarse el golpe y romper antes que el casco. Los propietarios cuentan la otra mitad del trato. La inspección que Yacht le hizo al Athena encontró agua embalsada dentro de los talones encolados, sin tapón de vaciado ni registro por donde sacarla; un Fountaine Pajot de 44 pies (13,4 m) documentado en una reconstrucción del canal Sail Life apareció con agua dentro de una quilla, detectada por termografía y sin nada visible desde fuera, y al abrirla se vio que la espuma de flotación nunca se había aplicado como debía; los armadores del Hélia de la vuelta al mundo agrietaron la miniquilla de babor y lo atribuyen a una varada en una rampa de hormigón. Todo eso puede ser cierto a la vez, y todo eso manda al perito al mismo sitio con los mismos aparatos: higrómetro y martillo en los dos talones, y una pregunta directa sobre qué se les ha hecho y cuándo. Una quilla diseñada para sacrificarse es una quilla que conviene dar por supuesto que ya ha hecho su trabajo.

Hay otras dos cosas que van con el barco y no con el modelo. En los cascos antiguos los herrajes de cubierta gotean hasta que se vuelven a sellar, que es un fin de semana y no una catástrofe, pero se presupuesta igual. Y muchísimos de estos barcos se han ganado la vida trabajando: un Fountaine Pajot ex chárter es un historial de mantenimiento escrito con letra ajena, no una descalificación, y cómo se lee uno de esos es el asunto entero del astillero que construye directamente para las flotas.

Cómprate uno si quieres un catamarán francés de serie que navega algo mejor de lo que promete su volumen y que tiene repuestos y concesionarios a los dos lados del Atlántico — y compra la época que encaje con tu plan, porque los cascos antiguos son los deportivos y los recientes son los cómodos. Búscate otra cosa si el plan es ceñir con viento hecho, donde un barco con orzas de un astillero de altas prestaciones sencillamente lo hará mejor, o si quieres un puesto de navegación como tal. El resto de la flota de dos cascos que tenemos está en la estantería de catamaranes, y los barcos con tamaño suficiente para haberse ganado el jornal en chárter están reunidos en la estantería de talla chárter.

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